27 nov. 2014

Unas ideas sueltas sobre el proyecto de subsidio al transexual

Desde que María Rachid presentó el proyecto que otorga un subsidio de $ 8.000 mensuales a las personas transexuales mayores a 40 años, se ha generalizado un hipócrita rechazo por las calles y en las redes sociales. Si, que se lea de nuevo, hipócrita.
He leído rechazo de parte de gente que, como con todos los subsidios, trata de vagos, de vivir del Estado, de vaya-a-saber-qué se le ocurre en la cabecita-tupper al otro, utilizando una falsa otredad, cuando en la realidad reciben cuantiosos subsidios que no nombran, omiten, o – directamente- no emiten para que su propio discurso no se caiga: transporte, luz, gas, nafta, tal vez educación primaria y secundaria, y ni hablar de otros casos, más groseros.

También hipócritas porque su discurso es y ha sido generalizado a partir de los discursos de las clases más altas de la sociedad, aquellas que genéricamente aparecen en los medios, y hablan cual representantes de todos los argentinos. Hipócritas por ésto, y debido a que, en realidad, quienes más tienen, menos impuestos pagan, sin nombrar que la mayoría de la gente que he leído, siquiera paga sus impuestos, o viven de sus padres, aunque no lo admitan.

Y más allá de la hipocresía per se, seamos sinceros, de raíz, básicos si se quiere: ¿por qué digo que es un discurso que proviene de las clases altas y sus representantes?
No sólo porque salga en sus medios, ni dicho con constancia por sus representantes, podemos debatir el rol de una asignación, un plan, que representan una salida de emergencia ante determinada situación, pero eso significaría ir de fondo, y debatir la capacidad de éste sistema de producción de distribuir para todos sus habitantes, de una manera que todos y cada uno pueda acceder  a los elementos más básicos de la vida cotidiana. Entonces, podemos debatirlo, pero seamos serios, más allá de eso, proviene de un discurso ególatra y mamado en los estratos más acomodados o altos de la sociedad. Es decir, pensar estar en contra que alguien reciba un subsidio básico, mínimo, que genera que no se termine de excluir a gran parte de la sociedad, ni que genere un grado aún mayor de desigualdad, no sólo es un pensamiento individualista, poco analista de la realidad social dominante en Argentina, y claro está, en el mundo, sino que preocupante e hipócrita.
Mientras tanto, mientras la gente se dedica a insultar por que el vecino, el amigo, el primo lejano, el caso que usa el plan para comprar unas zapatillas en vez de alimentar a los hijos y demás pequeñeces, nada dicen de los que menos aportan y más ganan, de los que reciben realmente subsidios a sus ganancias y en su mayoría, quedan en sus bolsillos: la clase empresaria, esa que propone la visión de vista que la mayoría repite, ni tampoco nada dicen de los cuantiosos subsidios a la religión, y sus empleados, ni las escuelas religiosas, y sólo como punta de la lista.
Los números no mienten, pueden buscar en las páginas de los órganos oficiales, el Registro de Subsidios e incentivos existe, y es público. Ni hablar de las minerías a las que le pagamos para que se lleven los recursos no renovables, a las empresas de transporte que le subsidiamos entre todos las ganancias, mientras continúan aumentando los precios, pero no mejorando la calidad del servicio, y es el Estado el que invierte para la extensión de sus rutas y túneles – éste último en caso del subte-.
Entonces no sólo que es un pensamiento ajeno al laburante promedio, en cuanto a su planteo, no su reproducción, sino que funciona como un preocupante dicho, proveniente de una guerra de pobres contra pobres que oculta lo que hay detrás: cómo se genera esa distribución y por qué el Estado tiene que llegar a dar esas limosnas a sus habitantes.

Y saliendo del caretaje en sí que me significa el asunto de la crítica cerrada y terca a los planes sociales – porque críticas tengo, pero van en otro sentido- y metiéndonos en algo que toca el proyecto presentado, es hipócrita también en esencia en el sentido arriba descripto, pero también completamente bizarro, estigmatizante y transfóbico. La catarata de chistes en corte chicana que se leen son terribles, desde que les pagan por la rotura del ojete, y demás chistes sin sentido, y la verdad, repugnantes.
Por otro lado, también está el tabú de la sexualidad, el pudor y demás  estirpes que la sociedad patriarcal y machista genera en los individuos, muchas de éstas personas han ido “de trabas”. No sólo eso, sino que el ocultamiento individual ante el miedo de la repercusión social es tremendo. No es para ampliar, sino para remarcar, pensemos, si a la mayoría de las personas les genera un ocultamiento, un miedo al qué dirán gigante elecciones de experimentación en su sexualidad, o el hecho directamente de gustarle el consumo de sexo con transexuales, imaginemos un segundo---si….un segundo, el padecimiento de las trabajadores sexuales y travestis – el ‘y’ no como nexo, sino como adhiriendo otra descripción-.
Parece que a la gente le molesta que personas que no sólo sufren de la explotación sistémica y opresora, sino que son excluidos a la vez de la misma, maltratados, levantadas por las fuerzas de seguridad por la impunidad que tienen – con un extra por ser marginadas y discriminadas- reciban un subsidio equivalente a casi del doble de un sueldo mínimo (lo que demuestra varias cosas, primero que el sueldo mínimo es una mentira, segundo que aún es poco lo que podrían recibir). Más que subsidio, deberían recibir un resarcimiento por parte del Estado, en voz de la Sociedad, por tantos años de segregación, violencia física y psicológica.

Por suerte, no todos pensamos igual con respecto al tema, por suerte hay muchas mujeres y hombres que luchan día a día para qué esto cambie, y también por suerte, o más que eso, por humanidad, todavía somos muchos aquellos los que nos indignamos ante ésta sociedad, ante la muerte y la discriminación, y los que la impotencia nos domina todas las venas al leer, y conocer tantas realidades que los muros mentales de muchos no quieren ver. Entiendo que no es culpa de nadie, y a la vez de todos, que éstas reproducciones sigan ocurriendo, acá no hay alguien para ir y gritarle “ei flaco, no ves la cantidad de chicas que mueren por tu vista hacia otro costado”, pero es hora de que cada uno y cada una empiece a pensar por sí mismo, y sobre todo, que lo haga más allá de lo que el bolsillo de uno y su pequeña situación, como persona, que vive con otras personas, que discrimina y segrega, básicamente, como humano.

Algunos datos interesantes del grupo social que podría recibir el subsidio (sacados de https://medium.com/@fragmentario/la-lenta-muerte-trans-8b7df4b3d15d):
“La discriminación diaria y elabuso al que están sometidas las personas transexuales las convierte también en un sector especialmente vulnerable al suicidio: el 41% intentó suicidarse al menos una vez, un porcentaje nueve veces más alto que la media (4,6%).
Si escarbamos un poco más, veremos que la situación de las personas transexuales es devastadora en todas las estadísticas: son mucho más pobres, sufren más violencia sexual y policial, doblan la tasa promedio de desempleo y de contagio de HIV, caen más veces en la cárcel, experimentan más situaciones temporarias de calle o son homeless, abusan más que el resto de drogas y alcohol, tienen mucho menos acceso a la educación y a la salud, más de la mitad sufre el rechazo y el alejamiento de sus familias. Los trans, en el siglo XXI, viven en un verdadero ghetto a cielo abierto.
La realidad de los transexuales en nuestro país no es mucho mejor que en el resto del mundo. El 84% no terminó la secundaria, el 64% tiene la primaria incompleta, el 95% se dedica a la prostitución. La gran mayoría interviene su cuerpo en el mercado clandestino: las consecuencias derivadas de la aplicación de siliconas son la tercera causa de muerte en el colectivo. De estas condiciones locales, que también son mundiales, se deriva el dato más atroz: una expectativa de vida promedio de treinta y cinco años."

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