31 oct. 2014

Ley de Hidrocarburos aprobada

Nota que escribí para la Revista Mascaró sobre la recientemente aprobada ley.

LEY DE HIDROCARBUROS
Esas viejas pero renovadas recetas

Después de meses de un tire y afloje entre las provincias petroleras y Nación, la Ley de Hidrocarburos ya está lista para ser debatida en el parlamento. Una mirada al trasfondo de la cuestión energética, el déficit comercial y el papel de las transnacionales en la nueva normativa.
Por Juan Agustín Maraggi

Ya está, Chevron llegó para quedarse. Desde el oficialismo justifican su presencia por el aporte tecnológico y técnico que puede aportar a la explotación de hidrocarburos, pero poco se habla de la crisis energética, el déficit de la balanza comercial y las faltas de inversiones que fueron cercando las políticas económicas e hicieron cambiar, en sólo dos años, el discurso acerca de un petróleo nacional, estratégico y como un bien social, para pasar a ser una mera mercancía internacional y un comodín para la estabilidad económica.

De emergencias energéticas y vacas muertas
Vaca Muerta pasó a ser la joya de la economía argentina en un abrir y cerrar de ojos y esto no sólo se debe a sus condiciones naturales y sus recursos abundantes, sino también a la política adoptada de “frackear todo lo que pueda ser frackeado”. Es que, si se acepta el fracking sin chistar, Vaca Muerta se transforma automáticamente en una máquina de generar divisas. Argentina posee la tercera reserva mundial de petróleo y gas, y por medio del shale -extracción de yacimientos no convencionales- la segunda a nivel internacional en gas y cuarta en petróleo. En ojos yanquis, Vaca Muerta vendría a representar algo así como el equivalente a 20.000 millones de barriles de petróleo a futuro, y comprende en la actualidad cerca de 40.000 hectáreas y 22 equipos, con 198 pozos, que producen 24.000 barriles de crudo por día. El gobierno busca, con inversiones extranjeras, elevar en el corto plazo esa cantidad a 1.400 pozos por año.
Los territorios de Vaca Muerta, y sus alrededores, representan para el gobierno una pieza generadora de confianza para los Capitales extranjeros y busca solventar los problemas del déficit energético y en la balanza comercial que venimos analizando en los anteriores números de ésta sección.
El impulso que tomó la Ley de Hidrocarburos no es más que para otorgar legitimidad y respaldo a estas necesidades. El déficit energético – que representa, de manera simple, la incapacidad de un país de producir la cantidad de energía utilizada, ya sea para la industria o para el consumo propio- llegó en 2013 a 6.300 millones de dólares y según el gobernador neuquino Jorge Sapag, llegará a los 9.000 millones de dólares en el corriente año.
Como nos indica Martín Scalabrini Ortiz, Ingeniero químico y parte de la Revista Industrializar: “Es una ley que está hecha para atraer inversiones, sobre todo extranjeras y es una herramienta estructural, ya que determina la producción de hidrocarburos de acá a las próximas décadas en el intento de solucionar un problema coyuntural que es la falta de divisas. Lo que se intenta hacer es establecer algunas pautas para atraer inversiones con algunos conceptos utilizados anteriormente, sobre todo en la década de los 90.”

Trueque conocido: ganancia extraordinaria por inversión
La ley, en corto plazo, ayudará a balancear el déficit energético, Scalabrini Ortiz sostiene que ésta “va a atenuar el déficit, como sucedió en la década de los 90, cuando se liberó el mercado, estableciendo todo este tipo de beneficios y de alguna manera se desataron esas fuerzas que estaban reguladas. En los primeros años, efectivamente, hubo un aumento de producción, al punto tal que en el año 1996 se llegó a exportar el 40% de la producción de crudo. Sin embargo trae aparejado consecuencias en el largo plazo”. Es que, en principio, se pretende la nulidad de la prioridad estatal en la explotación de hidrocarburos, con la cual se da al privado el mismo nivel y entidad que debería tener una empresa estatal.
El proyecto que se debate, incluye, entre otros beneficios para la inversión transnacional, la extensión de la duración de las concesiones, llevándolo de los 25 años más diez posibles de prórroga actuales, a 30 años, con la posibilidad de sumarle veinte más, y la aplicación retroactiva a las concesiones ya existentes. Además, plantea la amortización acelerada de los bienes de capitales y el reintegro del IVA; regalías del 5% para proyectos de alto riesgo y la liberación para la libre importación de equipos petroleros. Es decir, se abre un abanico de posibilidades, facilidades y cuantiosas ganancias para todas aquellas multinacionales que deseen invertir en el país.
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Con la discusión mediática por la renta y quién establece las pautas de explotación de Hidrocarburos entre las diferentes provincias petroleras y Nación, se ofuscó el debate de trasfondo, ya que no se tocó, ni por asomo, el verdadero factor en cuestión, que, según Scalabrini Ortiz, es “la renta, pero no entre estas dos partes, sino entre el Estado y las empresas multinacionales. Justamente lo que se intenta hacer con esta ley es ceder parte de la renta a las multinacionales, y la discusión mediática es acerca de quién cede esa parte de las rentas. La Nación dejaría de percibir los derechos de importación, estableciendo libre disponibilidad de la producción de crudo, que significa la apropiación por parte de una empresa operadora de un porcentaje de la producción -en convencionales y no convencionales del 20% - para venderlo libremente, ya sea en el mercado interno o en el mercado internacional y al precio del último”.
La omisión del debate real no es casualidad, tanto los representantes de las provincias petroleras, como el oficialismo, se encuentran enmarcados y en el mismo horizonte: la búsqueda de inversiones internacionales y la explotación – por los medios que sean- de los hidrocarburos de sus tierras. Pero la apropiación de la renta extraordinaria como eje central de debate es más que fundamental. Hoy en día, la mayor parte de la renta petrolera se la llevan las empresas privadas, y si el debate consta en ceder parte de la misma, sólo se está pensando en cómo otorgar mayor ganancia, para obtener mayor inversión. Para pasar a números limpios, la renta petrolera es hoy, más de 15.000 millones de dólares, sumando petróleo, gas y crudos, el costo del barril es de U$D 20 y las petroleras reciben, a precio internacional, U$D 80 por el mismo, siendo un caso muy similar el del gas.
En este punto y como nos aporta Scalabrini, “de la producción, que puede ser vendida a nivel internacional por parte de las multinacionales, se establece la libre disponibilidad de divisas. Recién sucedería al tercer año de la puesta en marcha del proyecto de inversión, pero en definitiva, es dejar liberadas esas divisas que tanto le faltan al país, en un ciento por ciento a las multinacionales. Esto se hacía también en la década de los 90, no de manera tan alta, ya que ahora corresponde al 20% y antes al 70%, pero se acerca bastante en el 60% para el Shale”.
Según la ministra de Industria Débora Giorgi, Argentina espera, de aquí a 2017, una inversión a través del aporte de YPF de 37.000 millones de dólares, 28.000 millones destinados a la exploración y producción y 7.000 millones para la refinación, el transporte y el GLN.
Sin embargo, el debate sobre cómo administrar y explotar los recursos de nuestra tierra, sigue siendo a espaldas de quienes todos los días la trabajamos, y no se pone en ningún momento en cuestión, cómo se utilizan, su cuidado y en qué se invierte la renta. Tampoco se pone en el centro del debate cómo modificar parte de la matriz energética, para dejar de basarla únicamente en la explotación de hidrocarburos, ya sea mediante la apropiación e inversión de la renta extraordinaria hacia otras actividades, tales como los molinos eólicos -de gran desarrollo en la región patagónica- o la energía proveniente de los paneles solares o de origen geotérmico.
Una vez más, y como ha sucedido en incontables situaciones en nuestro país, se debate cómo otorgar ganancias, y cómo superar crisis coyunturales, pero no el rol de la soberanía Nacional, ni de la forma de utilizar los recursos de nuestra tierra.

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