15 oct. 2014

De éste lado, solamente hombres- Dardo Dorronzoro

De casualidad, alguna vez te preguntaste, en alguna noche de insomnio, en algún colectivo eterno, en alguna borrachera, o simplemente por preguntarte, ¿Por qué estamos así? ¿Cómo llegamos a ésto?
Empecemos por admitir lo principal, estamos así, como argentinos somos ésto, porque acá, en éste lugar, en éste preciso momento, y en éste preciso instante falta una generación entera, otros deberían estar respirando éste aire, y tal vez otra persona ocupando mi espacio laboral, otro mi departamento.
Una generación falta, en el medio, en los jovenes y en los viejos más avispados, que era la definitiva, esa que se complotaron todos para exterminar, aniquilar y si era posible, aspirarse sus cenizas en dólares envueltos.
Acá, de casualidad... o no, encontré un poema de un barrilete, pero esos lindos barriletes, esos que forman parte de los aniquilados, y los que intentaron borrar del mapa, del sistema y de la memoria.
Esos que faltan, esos que no lo lograron, y que hoy serían fundamentales.
Dardo Dorronzoro, herrero para transformar lo material, poeta para transformar lo intangible.

DE ESTE LADO, SOLAMENTE HOMBRES

No me cuelguen precios en las orejas,
no me cuelguen vacas, no me cuelguen cascabeles,
no me cuelguen ministros, ordenanzas privadas, ni muertos de agosto, que yo quiero oír esas paredes cuando lloran,
esas tierras,
esos labriegos que amanecen los caminos
con los contratos metidos entre las uñas y los ratones.
Además, yo estoy bien así, sin leyes como perros en la sangre,
ni decretos para convertir ciudades en bosques con alimañas
y largos almacenes, que todo está frente a frente,
con la última tuberculosis, con el último andrajo
del hombre, con la última fatiga,
con el último general de la noche.
Queda dicho, entonces, entendámonos: no quiero
que nadie me agite alrededor de títulos ni vacancias,
ni de jaulas con señores recién salidos de la madrugada,
que aún puedo reírme desde la punta de la mano izquierda
para abajo, desde los lunes a las siete para abajo,
desde el dolor de los alfredos y los luises para abajo,
y todavía me quedan -esto es importante-
veintisiete muertes para morirlas de
una sola vez contra las calles.
Podría no morirlas todas, claro, dejar una,
quizá, para el regreso cansado a la casa con gatos,
donde todavía me queda una
muchacha para el corazón y los ojos,
y se arremolinan las noches en torno a los olvidos.

Poema extraido de https://www.facebook.com/pages/Dardo-Dorronzoro/347887611915654

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