5 ago. 2014

Un nieto muy especial.

Los sentimientos se encuentran, se rozan y se superponen, ¿Es felicidad? ¡Si! Pero también es esperanza; ¿Es alegría? si, pero también es un reconocimiento.
Es mucho, y es poco para algunos, pero para mí, y como para muchos otros y otras, es una demostración que la construcción, la esperanza y las ganas, semillas del futuro, dan su resultado y que la constancia, con lucha y garra, es el único camino.
Es por esto que la fotografía aquí es muy importante, el registro de Eduardo Longoni no es sólo uno más, sino que es un ejemplo, un pilar, una inspiración y un retrato.
Porque mientras algunos vivían sus vidas tapándose los ojos, mientras otros prefirieron creer la historia oficial, o demonizar para largar culpas, otras personas se plantaron y comenzaron a generar conciencia que las cosas no eran tan simples.
Estela de Carlotto, junto a valientes hijos, nietos y madres, siempre estuvieron ahí, en primera línea de combate, cuando el combate parecía imposible, y cuando las balas eran más pesadas, porque sufrieron denuncias, atentados y represiones de todos.
Y cuando digo de todos no me refiero sólo a la física y la de la gorra - la federal, los milicos, los gendarmes- hablo de represión física, mental, psicológica, de todos los sectores políticos, de todas las fracciones y visiones políticas y sus respectivos aliados.
La lluvia nunca impidió que las Abuelas estuvieran en la Plaza, ni las represiones o atentados, no existieron bombas de humo, palazos, balas de goma o plomo que pudiera hacer que se fueran a su casa, ni el avance en la lucha, ni los retrocesos, porque siempre estuvieron y siempre van a estar ahí, plantadas, como aprendieron a plantarse, junto a todos aquellos y aquellas que buscan un mundo diferente, y los que sufren a diario esta represión.

¿Y qué decir del 114avo nieto recuperado?
Es un ADN, huella inconfundible del ser, registro que mantiene intacto lo que quieren eliminar los que no quieren memoria, y los inmemoriosos, pero también es un ser humano, un pibe, grandecito, pero pibe al fin, que sentía su sangre dudar al circular, y su corazón tembloroso por su identidad.
Es Guido, es Ignacio, es un nombre - etiqueta de por medio que le construyeron y dijeron que debía respetar - que debe reconstruirse, es, en última instancia,  símbolo y parte de la herencia de quienes sólo quieren defender la herencia de algunos.

Hoy fue un día hermoso, en el cual mi cuerpo enajenado no sabía  si reirse o llorar, en el cual los ojos se humedecieron unas cuantas veces hasta transformarse en algunas tibias lágrimas, y que entendí - una vez más- el valor y el rol de la militancia y el compromiso, y que van a seguir pasando los años, van a seguir pasando los gobiernos, pero las abuelas y las madres van a seguir ahí, plantadas contra el mundo que les despojó de su vida, y que las hizo entender cómo funciona la sociedad y la injusticia.

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