27 ago. 2014

La recesión en los bolsillos - Economía para Transeúntes

Comparto una nota redactada para el número #24 de la Revista Mascaró en la sección 'Economía para Transeúntes'
Pueden adquirirla en cualquier Kiosco de diarios o revistas del país, o si tu canillita cercano no es tan amigo, a través de internet.
Fuente: http://revistamascaro.org/economia-para-transeuntes/la-recesion-en-los-bolsillos/

La Recesión en los bolsillos
Juan Agustín Maraggi

Y al fin llegó. Después de muchos llamamientos, catastrofismos y negaciones desde uno y otro lado de las tribunas mediáticas, la recesión volvió a la economía argentina tras doce años de fiel ausencia. Pero ¿qué significa la recesión? En términos técnicos, es un fenómeno que surge en la disminución sostenida del Producto Bruto Interno (PBI) y, según qué medición se tome, corresponde a dos o tres trimestres económicos. Es decir que se trata de la caída de la producción por un período prolongado en un país.

Más allá de lo que los economistas y la academia puedan definir y delimitar, en Argentina la recesión llegó con la publicación por parte del INDEC de los datos económicos sobre el primer trimestre del año. Si vamos a los números, para marzo, la caída representó el 0,9% a los que se le suman los resultados del trimestre anterior -de octubre a diciembre de 2013- que había disminuido 0,5%.


Darle pan al que tiene muchos dientes

En el país, la recesión viene acompañada con una fuerte inflación que, promediando los últimos seis años, supera ampliamente la media global e incluso latinoamericana, estimándose que en los últimos meses, la aceleración de la misma supera el 25%.

Sólo hace falta ir al supermercado para notarlo. Pero también se lo puede identificar en una disminución generalizada del consumo, que figura como desencadenante, y parte, de un ciclo en el cual los siguientes factores se unifican y retroalimentan: la falta de inversión, de producción y de trabajo.

Aunque la ciencia y la academia se unifiquen en criterios, los fenómenos económicos que afectan al país no pueden explicarse de manera unicausal, sino que la economía y sus procesos, se deben explicar mediante un fino análisis estructural y contextual.

En el caso de Argentina, la complejidad suele ser de un grado mayor por las particularidades históricas de la producción del país, en conjunto con la fuerza y presión política que ejercen ciertos sectores de poder en la puja por la distribución.

Con excepción del agro y algunos otros sectores aislados, el dólar, los precios, la producción y la inflación van de la mano y se explican y reproducen en conjunto.

Los capitales radicados en el país tienen siempre una productividad de trabajo inferior a los promedios internacionales, las empresas, nacionales o extranjeras, que producen en nuestro suelo, tienen como histórica falencia la no inversión en tecnología más avanzada, lo que hace, en términos técnicos, que para la producción deba emplearse más tiempo socialmente necesario que las empresas que se dedican a la misma rama en el exterior.

Los precios de las mercancías están sometidos y definidos internacionalmente, sumado a esta ‘inferioridad’ en la competitividad internacional, la producción en el país se encuentra fuertemente condicionada por la depreciación del tipo de cambio, lo que significa que el peso pierde poder de compra con respecto a la moneda extranjera, sobre todo, estadounidense. Es decir, el valor de cada minuto, cada hora de trabajo se ve minimizado a una parte del valor del mismo, y para la misma rama de producción, que a nivel internacional. En este marco, cuando el empresario capitalista ve una obstrucción en la generación de plusvalor, infla los precios y utiliza el salario como medida de ajuste. Hoy en día, esto funciona para garantizar mayor grado de competitividad, en su lógica, reducen la participación de la fuerza de trabajo en el valor de la producción, lo que genera un margen mayor de ganancia.

En los últimos años, Argentina tuvo uno de los crecimientos más altos de toda su historia, pero esto no se vio reflejado en la inversión productiva. La industria automotriz, que ha liderado el crecimiento económico, ha sido la primera en iniciar un retroceso productivo.

El gran problema radica en cómo se piensa la economía, para quién y de qué manera va destinado su desarrollo. El kirchnerismo, como vinimos analizando anteriormente en esta sección, apostó a un modelo ‘neodesarrollista’, intentando, a toda costa, la creación de una burguesía nacional, que tome las riendas y se haga cargo del desarrollo del país.

Si vamos a la realidad concreta, sólo una de cada tres de las quinientas empresas más grandes del país -que representan un 26,5% del valor agregado bruto nacional- está en manos de la ‘burguesía nacional’. No sólo eso, sino que no se ha modificado el peso de los monopolios y oligopolios, expresado en que 20 empresas concentran casi la mitad de las exportaciones del país, y las primeras 200 un 64%.

Cuando el salario es medida de ajuste.
Por ahora, y a excepción que alguna bolsa caiga estrepitosamente, o las condiciones económicas se modifiquen de manera catastrófica, cosas que no parecen cercanas, los empresarios pueden estar tranquilos que las ganancias seguirán llegando, mientras que los que debemos estar atentos somos los trabajadores, que sufrimos cada vez más los parates de la producción, y la inflación que no para de aumentar los productos básicos.
Según el INDEC, la inflación acumulada a Junio es del 15%, mientras que para los privados llegarían al 21.5%. Como hemos visto desde principio de año, los más perjudicados han sido los salarios, el Gobierno, con el apoyo de gran parte de la burocracia sindical, la derecha y los empresarios acordaron en algo: las paritarias debían encontrarse por debajo de la suba de precios para continuar asegurando la rentabilidad.
Aquellos trabajadores que se encuentran registrados han tenido una reducción de poder de compra cercano al 5% con respecto al primer trimestre del 2013, dependiendo del rubro, ésta ha sido mayor o menor, casos ejemplificadores son los empleados de comercio, que recibieron un ajuste del 9%, o el de  la Construcción con un 5%.
En este marco, y como es lógico, los más afectados han sido aquellos trabajadores que no se encuentran registrados, el 81.2% de éstos gana menos de $ 4.500 pesos por mes, y el promedio ronda en unos bajísimos $ 2.903. El incremento de la jubilación, del AUH y los planes sociales de éste año, se licuaron en la inflación sólo dos meses después de aumentadas, por lo que poco ayudan a llegar a fin de mes.
En una perspectiva general, el poder de compra de la masa salarial cayó un 5.2% en el primer trimestre con respecto al año pasado, y si se tiene en cuenta el conjunto de los ingresos de la población, estos se redujeron un 4.8%.
La industria automotriz, que lideró junto a la Construcción los crecimientos estos últimos años, es la rama que más ha retrocedido, y se nota en el estancamiento, los despidos y los conflictos en sus plantas. Ejemplos claros, que debemos tener en cuenta y seguir son los de Lear y Gestamp, mientras los primeros despidieron a 130 trabajadores y suspendieron a otros 100 sin goce salarial, y los trabajadores denunciaron que la multinacional comenzó a reemplazar la producción local por importada, los segundos suspendieron 67 trabajadores por reclamar suspensiones rotativas incumplidas. En estos dos casos, como también en EMFER y TATSA, la policía federal reprimió ferozmente, y en algunos casos ingresaron a las fábricas, no dejando ingresar a los delegados elegidos.
Con el conflicto de Lear y Gestamp latente, las demás multinacionales decidieron avanzar en el mismo sentido. Se estima que para Mayo, en esta rama, 12.000 trabajadores fueron suspendido.
Las pujas por los puestos de salarios, comienzan a hacerse más evidentes, y a tomar mayor protagonismo por el intento desenfrenado de los empresarios de mantener su ganancia a altos niveles. Ya en el mes de febrero Nextel decidió “readecuar el modelo de negocios” reduciendo el 10% del total del Staff,  mientras que en las Empresas Ledesma fueron dados de baja 400 trabajadores cuando todavía le quedaban más de cuatro meses de tareas efectivas. Quickfood (Paty) no se quedó atrás dejando en la calle 250 familias, los despidos y suspensiones también sucedieron en Petroleras Argentinas, la textil Twig y la lista continúa.
Se acercan épocas de aumento en la conflictividad social, y los trabajadores, debemos seguir de cerca la situación económica, informarnos con constancia y hacernos cargo de nuestro papel como transformadores para poder debatir mano a mano, quiénes siguen haciendo millones, y quiénes los producimos para ellos.


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