22 abr. 2014

Cuando salir a la calle es motivo para que seas un supuesto ladrón

Cuando algunos fundamentaban los linchamientos, entre todos los discursos hipócritas, vacíos de contenido y demás, el que parecía calar más hondo era aquél de las pobres viejitas y viejitos cagados a palos cuando los "chorros hijos de puta" les choreaban para sacarles la jubilación.
Hoy no veo a los iluminados, integrantes de las hordas linchadoras, mostrando fotos de cómo quedó Susana Guzner de 68 años por caminar en las mismas baldosas que pisó hace segundos un presunto chorro.

En éste marco, un pensamiento ronda en mi cabeza, y es la creencia que, ante ésta postura que toman ciertas fracciones, minoritarias por cierto, del pueblo, masificadas por la constante - e intencionada- intervención de los medios de comunicación no es, sino, la revitalización de la idea y conciencia impuesta por la última Dictadura genocida - y asentada durante los años del neoliberalismo en democracia- del 'No te metas'.
Más allá que la noción y el supuesto básico de esta ya ha sido refutada cientos y miles de veces, no sólo teórica, sino también prácticamente, al igual que la teoría de los dos demonios y todas aquellas anti-sociales y fuera de la realidad concreta que surgen de la ideología dominante (planes sociales = vagos / pobres = ladrones / policia = seguridad) vuelven a refutar por una cuestión básica: quiénes tienen los medios y cómo los utilizan.
De ésta manera, salir de tu casa es salir con miedo, y esperar el diez en la parada se puede transformar en tu última acción. De ésta manera, hay que dejar actuar a los indignados ( que suponen que han sido los únicos afectados por las injusticias de un sistema excluyente, los únicos que han sufrido un robo, o la muerte de un familiar) porque ya no 'tienen miedo' de enfrentar a los ladrones.
Si no te gusta dicen, no te metas y seguí esperando el diez, al lado de la parada, tal vez un pibe con gorra esté tirado sangrando.
En síntesis, los linchamientos no son algo menor, es una mezcla de tantos fenómenos sociales que podrían escribirse tomos y tomos: estigmatización social y crucificar pobres en base a llevar la estirpe de cain en su rostro, es el resultado de una guerra de pobres contra pobre que no se cansan de promover las clases altas para ocultar el rol de la policía, de los punteros políticos de sus partidos y de su mismo accionar; la revitalización de una teoría que alienta al pueblo 'serio' a participar y al 'no serio' a no meterse y agachar la cabeza; y por último, los intentos ahogados de demostrar cuando las papas queman que la culpa de todo la tienen los excluidos del sistema, y no los que hacen esfuerzos cotidianos para que todo se quede en su lugar.




Dejo nota de Cosecha Roja donde Susana Guzner nos cuenta más, con una visión muy acertada:

Cosecha Roja.- Casi la linchan por pasar cerca de un supuesto chorro

- ¡El chorro se la pasó a esa mina! – gritó uno.

Los que venían detrás la presumieron culpable y arrancaron la paliza: le patearon las canillas, le dieron un puñetazo en el brazo, la pellizcaron, le gritaron, le pidieron la cartera ininterrumpidamente. Chorra, puta, chorra de mierda, hija de puta. Todo eso le dijeron, mientras la molían a palos, a la escritora y militante feminista de 68 años Susana Guzner.

Mientras Susana sentía en cámara lenta cada uno de los golpes, hacía un esfuerzo por organizar las ideas en su cabeza de modo de armar una trama coherente que explicara tal paliza. Pero no. ¿Qué había hecho? ¿Cómo era posible? ¿Nadie pensaba defenderla? Recordó que, minutos antes, caminaba hacia la parada del bondi sobre la calle 60, en La Plata. Y se acordó también de una imagen a la que no le había prestado atención: había pasado un pibe corriendo y le había rozado el brazo. “Que alguien corra no significa que sea un ladrón, estos sujetos hicieron una concatenación de asociaciones, una pirueta semántica paranoica”, dijo Guzner a Cosecha Roja.

El ínfimo encuentro de microsegundos de su cuerpo con el de un supuesto ladrón alcanzó para convertirla en culpable y merecedora de un ajusticiamiento a las piñas. “Ojo por ojo”, dice Susana que escuchó. “Esto no es la Ley del Talión, no funciona así”, dijo.

- ¡Danos la cartera o te reventamos!- le seguían gritando.

Los siete hombres y la mujer que le pegaban se habían convencido de que el ladrón le había pasado lo robado a la cartera a Susana. “Era alucinante, una película de terror, eran los buenos burgueses, los amantes del Papa Francisco fuera de sí, fogoneados por los medios de comunicación”, cuenta a Cosecha Roja Susana, que en ningún momento soltó su cartera, no quería entregarla como botín, no era ella la que tenía que demostrar su inocencia.

- ¡Ladrona, mierda, vieja, sorete! – decían y la empujaban contra la pared.

Susana no podía llamar al 911 porque cuando pensaba en sacar el celular del bolsillo, automáticamente se imaginaba a los vecinos desahuciados acusándola de haberlo robado. También se imaginaba el teléfono volando por los aires y sabía que, cuando la policía llegara, ellos ya estarían en sus casas, tras sus rejas, regando las plantas. La escritora volvió hace siete años de España, donde se había exiliado tras el asesinato de su hermana por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Desde entonces, Susana no vivió ningún episodio de inseguridad: “No van a meterme en la cabeza el pensamiento único sobre la inseguridad. Los burgueses están tan rabiosos que se muerden entre sí: yo genotípicamente soy igual a ellos, soy rubia”

- Suéltenla. ¿Están locos? ¿A dónde vamos a parar? – la defendió con mucha autoridad una vecina que intervino.

Se detuvieron casi todos menos uno, que le tiró un escupitajo final en el ojo. Después se dispersaron y volvieron a agruparse en la esquina a observarla. La miraron sin parar mientras la vecina le ofrecía un vaso de agua, mientras Susana se prendía un cigarrillo y caminaba -ahora sí- hasta la parada de colectivo. No se movieron mientras esperó el colectivo y cuando llegó y se subió, la que los perdió de vista fue ella.

“Tres veces me ametrallaron desde los Falcon Triple A por la calle y me salvé tirándome cuerpo a tierra, en España me he defendido cuando me quisieron robar, pero frente a una piara enloquecida, no hay nada que hacer. Me preocupa, me entristece, si me da algo de miedo de salir a la calle, es por estos  ’buenos vecinos’”, dijo Susana.

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