3 jul. 2013

El día que NO conocí a Cortázar - Daniel de Santis



EL DÍA QUE NO CONOCÍ A CORTÁZAR

Daniel de Santis
La Plata, enero de 1997
Publicado en la revista Lilith nº 4
Temporada primavera 2005



La tarea que tenía asignada en la empresa Lechera del Pueblo, distribuir alimentos en las cocinas de sus haciendas, era bastante rutinaria, pero la cumplía con devoción militante y la matizaba organizando y entrenando a las milicias sandinistas entre sus trabajadores. Un día, no menos bochornoso que el anterior, cuando el sol comenzaba a declinar, me encontraba repartiendo los últimos alimentos para la cocina de la hacienda lechera El Charco, en la que comían los casi ochenta hombres que allí trabajaban y vivían. Joaquín, joven y fuerte miliciano, encargado de abastecimientos y otras tareas, se me acercó y como en secreto me dijo que habían llamado por la radio para avisar que esa noche, en casa de Manuel, habría una reunión de la colonia argentina a la que iba a asistir el señor Julio Cortázar.

Terminé con las tareas, me despedí de Joaquín, subimos con mi ayudante a la maltratada camioneta Toyota que teníamos asignada, hice bramar el motor y partí raudo. Atravesé la avenida central y doblé a la izquierda para tomar la carretera que va de León hacia Managua. Cuando ya veía la cinta asfáltica me di cuenta de que había una escaramuza de la guerra “contra” que recién comenzaba. Retrocedí sobre mi marcha y tomé por el camino que bordeando el lago de Managua, deja a la izquierda el lago desde el cual se eleva, sobre la orilla opuesta, la figura paternal del volcán Momotombo, y que por la derecha cruza sucesivamente las haciendas lecheras: El Charco, El Paraíso, El Escobilial y El Tamagás. Esta zona cubierta de pastos duros y vegetación achaparrada, es como una lengua ardiente que se extiende hacia el volcán, que los lugareños conocen como la península del Chiltepe. Después de pasar El Escobilial se entra en un paraje desolado y el camino se transforma en una senda de dos huellas, la que muchas veces se pierde en los pastos o en los pantanos poblados de garrobos que anuncian la presencia de lagartos mayores.

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