5 dic. 2013

Para pensar los saqueos en Córdoba

Entrar en la falsa polémica 'saqueo si' con 'saqueo no' y caer en lo simple no sólo no explica el conflicto existente, sino que termina desviando el cómo debe tomarse lo que se está viviendo en Córdoba.
Es por eso que no definiremos ni exlamaremos gritos de  'hurra el saqueo' ni 'qué gente de mierda la que saquea' pero si haremos un intento de mirar la realidad desde una perspectiva que no sea unicausal y no responda a básicas e infantiles condiciones.
Ejemplo de ellas son las plantadas constantemente en la mayoría de la gente y sobre todo, reproducidas en los medios de comunicación.


Sorpresa es escuchar por todos lados  abordar el tema desde un supuesto estado propio de puridad, supuesto excelente comportamiento cívico e intachable razonamiento moral, a lo que se le suma una bien anti-antropológica utilización de la otredad al hablar de 'esos' o los 'negros de mierda' que saquean, sin el menor, ni siquiera el más simple, pensamiento sobre ciertos temas y elementos que rodean lo que está sucediendo en Córdoba, y que más que rodearlo lo forman y le dan contenido.
Sorprende escuchar y leer a la gente reproduciendo - y evidentemente produciendo- el discurso hegemónico, casi en esencia, en cuanto a lo que está sucediendo (Casi hegemónico ya que varía el discurso en cuanto a quién gobierna la policia y si Cristina respondió o no respondió un tuit).
Algunos se olvidan, u omiten tal vez, que los medios masivos de comunicación tienen intereses particulares que responden a cierta fracción de quienes nos gobiernan, sean políticos o empresarios, y toda la formulación de las noticias y cómo se presentan están encausados en una forma nada loable de torcer y alinear la opinión del pueblo.
Vamos a por un ejemplo reciente, 'militantes' de Green Peace – ONG con procedencia y actuar bastante particular que no aplica debatir aquí- violan propiedad privada – sagrada en este sistema- intentan sabotear una explotación de una multinacional y por los medios son tomados por héroes.
En Malvinas, Córdoba, un acampe resiste la instalación de otra multinacional, Monsanto, y no saltó a los medios por la feroz represión que recibió de la mano de las patotas de la UOCRA y la policia de civil, sino por la visita del cantante francés Manu Chao.
Allá en Malvinas, dicho sea de paso, todavía no vimos a Green Peace.

Con la intención de aportar una perspectiva más amplia, y que no sea sólo un esbozo de las ideologías que emanan los medios de comunicación masivos pensamos algunos puntos que parecen importantes destacar para -re-pensar paradójicamente, nuestra forma de pensar:

-Los saqueos se gestan con una metodología que se viene repitiendo desde el año pasado con más frecuencia, un grupo reducido de personas que comienza en ciertos sitios a movilizar gente y arengarla, derribando los primeros vidrios de comercio para desencadenar la ola.
Decir que los saqueos se dan de manera espontánea sería un grave error, históricamente los saqueos han sido organizados por un pequeño grupo y como buen hecho social, se reproduce y expande con gran rapidez.
Supongo que uno de los motivos de ésto es lo que significa el hecho de saquear, de un recupero personal, de una oportunidad de tomar las calles y gobernarlas por unos ratos, de poder acceder a accesorios y elementos a los que se puede acceder en poca medida – como la comida y el alcohol- o en oportunidades aisladas – tecnologías y vehículos.
La diferencia que reside en los saqueos actuales - en directa comparación con los desesperados saqueos de la rebelión popular que sacudió Argentina durante los inicios del dosmil - es que se han dado en contextos políticos particulares que pueden aportar nociones interesantes para comprenderlos, como aquellos que se promulgaron por varias provincias al cumplirse once años del 20 de Diciembre el año pasado.

-Los medios de comunicación han jugado un papel fundamental – fundamentalmente nefasto-
interponiendo como estrategia inmediata y con históricos resultados eficaces la guerra de pobres contra pobres.
Echando la culpa por un lado sólo a una parte de los sectores pobres, y posicionando al resto del país pobre del otro lado.
Fue tal la extensión de éste mensaje, que ayer se vio la peor cara de ésta lucha, barricadas y disparos entre vecinos, con heridos y la muerte de uno.
Mientras tanto utilizan los hechos para su interés político, echando la culpa a la cúpula gobernante en cuanto a si respondió un llamado o lo dejó pasar, si es una represalia de la interna pejotista pero queda en policia si / policia no, salarios altos / salarios bajos, palos al gobierno/ flores al gobierno.
Es decir, un análisis superficial y políticamente encausado en los intereses individuales de los dueños de cada medio.
En este marco, despliegan todas las miradas y los dedos juzgadores en las barriadas marginales y populares de Córdoba y hacen parecer al pueblo como un actor incivilizado que ante el mínimo signo de falta de autoridad sale cual guerrero espartano al ataque del primer negocio, local, kiosco o puesto que encuentra en su camino.
Claramente sin contemplar por detrás un contexto socio-cultural determinado en la gente, el complejo entramado político punteril que domina en las barriadas y su relación con la policía, y un contexto político que nos enmarca y define.

- Se habla como punto fundamental, como si fuera un elemento realmente primordial, una particularidad que se generaliza y formaliza a todas las personas que saquearon bajo ese estigma: el robo de alcohol y tecnología.
Más allá de que es cierto, en cuanto a hecho fáctico, hay dos puntos que no se pueden pasar por alto:

El primero se encuentra en una idea inocente de que ante una situación completamente descontrolada, en donde centenares de personas se encuentran liberadas de ciertas ataduras sociales coercitivas, la masa actúa como un todo.
Centrar la atención en el robo de motos, televisores y computadoras por una minoría sería lejano a una realidad y su generalización un error si se piensa en éste punto como un acto de individualidades que se terminan encontrando en un estado fuera de lo común.
Enmarcar a todos los saqueadores en personas que salieron a buscar televisores y tecnología sería utilizar un discurso que oculta detrás un trasfondo más importante.

El segundo corresponde a una realidad material que no es desconocida por nadie, pero si obviada por muchos; desde que nacemos la idea impuesta de la necesidad material y constante se encuentra latente y se impone como una necesidad imperiosa durante todo nuestro crecimiento.
Sólo hace falta mirar las publicidades, la educación que recibimos, el entorno que nos rodea para comprender cómo se comienza a gestar una necesidad no natural como una social y esencial.
En situaciones donde el caos reina, donde no existe una autoridad visible y el desposeído se encuentra libre de tomar las calles y lo que quieran, comprende una lógica clara el hecho de que aquel que escasas veces en su vida – tal vez ninguna- pueda acceder a los lujos de la clase media y alta  de manera gratuita tome lo que la sociedad de consumo le prometió.

-El rol otorgado y asignado a la policía como protectora y restauradora del orden.
Los medios de comunicación han centrado su atención en cuanto a soluciones al conflicto social en el rol activo de la policía y la represión.
No se hablaba de qué llevó a la gente a tal o determinada cosa, quién lo incentivo o inició, ni el contexto político y económico cordobés en si, sino la necesidad urgente de que las fuerzas de seguridad tomen su rol de coerción y llevaderas del orden.
Lejos quedó en su memoria – si es que alguna vez estuvo en ella-  las denuncias que ubicaban a la policía cordobesa en el centro de la escena del narcotráfico, el manejo del crimen organizado y la utilización de las barras de Talleres (quienes irónicamente recibieron una distinción en la legislatura de la ciudad por su 'aporte contra la violencia en el fútbol') en los aprietes, las amenazas e incluso los asesinatos de Jonathan Villegas de veintiún y en el dos mil seis  a Matias Cuesta.
Hoy, para los medios y en la lógica impuesta, son las fuerzas represivas las que tienen que tomar la ciudad nuevamente, como ellos bien saben, con bombas de humo, cachiporras y balazos.
Supongamos que se vuelve a la normalidad, que cuando el gas de las bombas se esparce, los cartuchos de balas queden en el suelo y  vuelvan todos a su casa ¿Qué queda? ¿Es la policia la héroe? Aquella que dejó la ciudad para acuartelarse ¿salvaron el día?

Nosotros nos preguntamos: ¿Y los pobres? ¿Por qué los saqueadores 'mágicamente' nunca llegaron a los negocios inmobiliarios y centros comerciales de IRSA? ¿Quiénes movilizaron a los primeros centenares en camionetas?
¿Y los 'negros de mierda'?... ¿Siguen siendo pobres?

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