27 feb. 2013

Apuntes sobre la justicia, su rol y el discurso de Lorenzetti

En el día de la fecha, Lorenzetti dio un discurso en el aniversario 150 de la fundación de la Corte Suprema.
Cada medio de comunicación, como venimos intentando desenmascarar hace años, ha tomado el discurso del presidente de dicha institución respondiendo a sus intereses mediáticos y particulares, desde Tiempo Argentino utilizando los fallos favorables a las polìticas gobernamentales, o desde Clarín y La Nación saliendo al cruce por los Jubilados y los juicios eternos o que la Corte no debe gobernar.
Más allá del juego mediático, Lorenzetti dijo cosas muy interesantes que queremos resaltar para que no pasen por alto, acá van algunas:

"Nosotros pensamos, el poder judicial también debe cambiar, y esos cambios deben ser en beneficio del pueblo. No ha sido una tradición histórica que la Corte impulsara cambios, por un lado porque en la mayoría de esos cambios no tiene facultades, y por el otro, porque la corte estuvo siempre muy alejada de los jueces y juezas".(...)

26 feb. 2013

Una lucha por el trabajo

En un país donde la supuesta polarización política - imposición de los empresarios en el Gobierno por un lado, y por otro los grandes medios monopólicos- se llevan gran parte de la agenda, es necesario hacer valer, y conocer, las luchas por los puestos de empleo que se van dando en todo el país.
En Concepción del Uruguay, Entre Rios, los trabajadores del Molino San Patricio ya pasaron por la misma situación muchas veces, estafados por los mismos, con diferentes disfraces, se cansaron y decidieron emprender la lucha por el trabajo digno.
A continuación les dejo la nota que la Revista Mascaró  escribió sobre el tema:

Los trabajadores del molino, en lucha por sus puestos de trabajo. 
Por Soledad De Battista.

Desde el 13 de diciembre, los trabajadores del Molino San Patricio tomaron la planta en reclamo de los sueldos y aportes adeudados y en defensa de su fuente de trabajo. Aquí, el relato de una historia de lucha plagada de empresarios y políticos corruptos, estafas y negocios turbios que llevaron a que 50 familias hoy estén peleando por el pan de todos.

6 feb. 2013

Charcos inmundos adornan las calles

Que llueva no es algo tan malo para todo el mundo, hay quienes encuentran el romanticismo de ésta dormitando mientras escuchan el franco lagrimeo del cielo.
Desde mi humilde lugar, me resulta imposible hacerlo, ya que únicamente puedo descansar ante un silencio comparable sólo con el de la ciudad de Comala.
Por éste mismo karma, y pese a todo el esfuerzo que lleva, me encargué de montar una sala de ensayos en lo que podría llamarse mi habitación. Fui recogiendo de la calle cuanto telgopor, caja de cartón y harapo me fue posible y decoré la habitación atándolo junto a sábanas sucias y piolas a la pared.
Si se preguntan cómo quedó estéticamente no les comentaré nada de nada, no es agradable, siquiera para la vista de un ciego podría ser bello ver aquel collage de sábanas agujereadas y trapos colgados.
Dejando de lado lo vistoso y llamativo, por lo menos me desligue de los ruidos molestos que no me dejaban ni cerrar los ojos en la ducha.
Entonces, cuando llueve, tengo una extraña tradición. Desde los quince años, desde el exacto día que los cumplí, cuando nos escupen desde arriba salgo a caminar sin rumbo fijo por las sucias y patinosas calles de la Capital.
Me levanto todos los días, si, todos, y abro la ventana para ver si lloverá, cuando veo que no, vuelvo a desparramarme en la cama abrumado y sin ganas de existir.
¡Si ustedes supieran, o intentaran saber, lo que es meditar bajo la lluvia cuando las gotas caen mojando tu mugroso pelo y brindándote la grata sensación de estar vivo!
Salgo del trabajo- ocho horas diarias de lunes a sábado girando tuercas, ¡Malditas tuercas!- solo esperando que la lluvia caiga desde cualquier rincón en cualquier día soleado y ver como mis compañeros corren a salvarse debajo de alguna inútil parada de colectivo o de algún diario viejo como si fuera un bombardeo y unas estúpidas gotas pudieran hacerles algo.
 Ya tan acostumbrado a sobrevivir de ésta manera, comiendo con la miseria que gano, pidiendo algunos créditos, algunos adelantos, rompiéndome las manos y sin poder pensar, voy sobrellevando mi vida.
Espero que nunca les haya pasado de tener la cabeza vacía, de tratar de emitir un pensamiento y de la labia tan solo salga un ruido casi imperceptible.
Claramente es mi salvación, pensar cada tanto, cuando llueve, pedir cigarrillos a quienes se esconden de las gotas para poder caminar aun más, y esperar que se inunde la ciudad por completo.
Así, cuando el agua tape los edificios, poder nadar como un pez que no quiere volver más a sus antiguos pagos, perdiéndome en alguna esquina para siempre.

Juan Agustín Maraggi

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