22 oct. 2012

Los acuerdos de Paz entre Colombia y las FARC. Acuerdos de Oslo

¿País raro Noruega, no?
Es en esta monarquía parlamentaria donde, aquellos que ocupan los escaños, sortean entre carcajadas los Premios Nobel de la Paz que se distribuyen los líderes y Gobernantes del mundo cual cartas españolas.
Otorgado en el año 2009 a la cara pública del imperialismo, Barack Obama, con una justificación nada comprensible, y dos años después, es decir, este año, a la Unión Europea.
Cinismo es justificarlo por "su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia, y los derechos humanos en Europa", cuando las bombas de la OTAN riegan las ciudades despedazadas de Afganistán, Siria e Irak con periodicidad.

País raro Noruega, donde cada tanto se juntan representantes de Ejércitos Populares, con representantes del país en Guerra Civil, y la mediación de la garra "imparcial" de los Estados Unidos.
Dos de los casos más conocidos han sido Guatemala (Dónde se puso fin a la guerra civil prolongada que llevaba 36 años)  e Israel, caso que especificaremos algunos párrafos abajo.

Pero para que no parezca que lo único extraño acá son las cualidades que el Capitalismo le da a aquel país de la península escandinava, rara es esta Paz que se pacta.
Paz del sistema, una paz que representa aquella que existe en una Sociedad de clases, tregua entre clases y apaciguadoras del conflicto.
Estamos hablando de la paz que Estados Unidos y su "democracia" desparrama -algunas napalm y torturas de por medio- por lo ancho y largo del mundo.

Tras años de tironeos, fosas comunes y una guerra que lleva miles de muertos, el turno de negociar es ahora para Colombia. (Para leer la alternativa política y Social que está surgiendo desde las entrañas mismas del Pueblo colombiano, y con la cual levantamos el puño bien alto recomiendo la nota de la Revista Mascaró sobre Marcha Patriótica y los conflictos del país).

Casi treinta años después de los acuerdos de Oslo, las FARC y el Gobierno Colombiano se sentarán en la mesa chica a negociar.
Veremos que pasa, ponemos nuestras esperanzas en los resultados positivos, claro está, no vamos a hacer futurología ni mucho menos, pero con los antescedentes existentes, es necesario llamar a los compañeros Colombianos a tener audacia, y dormir siempre con un ojo medio abierto.

Para refrescar un poco la memoria, les dejo acá una parte de un trabajo que escribí hace un tiempo titulado "Sobre la cuestión Palestina", un recorrido por la historia de este pueblo.
El apartado se llama "Los Acuerdos de Oslo, la ilusión palestina y el fracaso de la OLP." y justamente, demuestran la ineficacia que han tenido históricamente estas instancias.
Los dejo sacar sus propias conclusiones.


Los Acuerdos de Oslo, la ilusión palestina y el fracaso de la OLP.

La intifada comienza a apagarse hacia fines del año 1990, según Piquera, se debió a la represión, extenuación de sus participantes y desangramiento popular. Se dio una insurrección que fue depositada desde un inicio, en la parte baja de una balanza negativa, gran parte del pueblo ocupando las calles y sin armamento.
Estos levantamientos prolongados tienen su fin con los Acuerdos de Oslo.
A nivel mundial, el muro de Berlín se había desplomado, la Unión Soviética había caído con él. Esto, en conjunto con la guerra contra Irak llevaron a George Bush a diseñar el Nuevo Orden Internacional.
En este nuevo mapa geopolítico, el mundo ya no estaba dividido en dos grandes polos, sino en uno grande y “globalizado”. Aquél famoso mundo polipolar del que habla Atilio Borón.

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) pierde su principal sostén político - el Partido Comunista Soviético-, a esto, se le suma el reconocimiento de la imposibilidad de derrocar al Estado de Israel.
Por otro lado, el gobierno judío sabía que no podían mantener la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza debido a los masivos levantamientos y barricadas, asumir un pacto parecía la solución para ambos.

El partido Laborista israeli y negociadores de la OLP se encontraron en secreto en Oslo en el año 1993, donde se dio el intercambio, conocido como "Los Acuerdos de Oslo".

A grandes rasgos, lo pactado significó el reconocimiento, desde Israel a la Autoridad Nacional Palestina.
A esto se le sumaba la creación de un Estado Palestino independiente y autónomo, para lo que Israel debía replegar sus tropas.
Desde la parte palestina, estos reconocían el Estado de Israel, cesando los enfrentamientos y otorgando una suerte de paz al territorio.

Una vez terminados los arreglos fue llevado a Estados Unidos para recibir la necesitada bendición.
Los acuerdos de Oslo, en sus principios, firmados el 13 de Septiembre del mismo año, acuerdan que: “El Gobierno del Estado de Israel y el Grupo de la OLP (de la delegación jordano-palestina a la Conferencia de Paz sobre el Oriente Medio) (la
"delegación palestina"), en representación del pueblo palestino, convienen en
que ha llegado el momento de poner fin a decenios de enfrentamientos y
conflictos, de reconocer sus legítimos derechos políticos mutuos, de tratar de
vivir en un régimen de coexistencia pacífica y de dignidad y seguridad mutuas, y
de llegar a una solución de paz justa, duradera y global y a una reconciliación
histórica por conducto de un proceso político convenido.”1


Cabe resaltar que ya no se trata a la OLP como un grupo terrorista, sino como representantes del pueblo palestino, es decir, el Estado de Israel, acepta a la OLP como únicos líderes, gobernantes de dicho pueblo.
En estos tratados, además de crearse un Estado Palestino independiente, se pacta la retirada de las tropas israelíes de las tierras ocupadas y la democratización de palestina y autogestión de la misma.

Según  Joseph Massad, historiador especializado en la historia árabe moderna, la fórmula que implementó y resultó clave para Israel tras los acuerdos fue: territorios por paz.
Esta fórmula sigue siendo el enfoque que guía hoy en día las negociaciones entre la AP (Autoridad Palestina) y el gobierno de turno israelí.
El problema de ésta es poner claros roles a cada parte negociadora.
Por un lado Israel posee las tierras y territorios. El Estado de Israel está dispuesto a conceder parte de ellos a los árabes para lograr la paz.
El papel de los palestinos es, entonces, como los que atentan contra los judíos.
Massad, utilizando de alguna manera la concepción de estigmatización social de la que hablábamos al principio del trabajo, de esencias dentro de determinados pueblos, como naturalmente bárbaros y naturalmente civilizados expone: “Mientras que a los israelíes se les pide que estén y (son presentados ostensiblemente como) dispuestos a negociar sobre la propiedad, el reconocido derecho burgués (occidental) por excelencia, a los palestinos y a los árabes se les pide que renuncien a la violencia —o más precisamente a “sus” formas violentas— ilegítima y atribuible solo a bárbaros incivilizados.” 14

El problema principal luego firmado el acuerdo es que ambos lados entendieron lo que quisieron de los mismos, y su participación y lo que debían ceder.
Israel lo firmó con la intención de retirarse de una parte de Cisjordania y la Franja de Gaza, sin rehusar a Jerusalén, ni a la creación de un Estado Palestino independiente.
Los palestinos por su parte, firmaron como una garantía de la creación de su Estado independiente en Cisjordania, Gaza y Jerusalén del Este como su capital provisoria.

Mientras que la OLP reconoce el derecho al Estado de Israel a vivir en paz y seguridad, y el Estado de Israel por su parte  "ha decidido reconocer a la OLP como el representante del pueblo palestino e iniciar negociaciones con la OLP dentro del proceso de paz en Oriente Próximo”.
Esto, nada más lejos está de las expectativas que tenían ambos pactantes.
No hay un reconocimiento mutuo, los israelíes no reconocieron el derecho del pueblo palestino  a existir en un Estado propio donde prospere la paz y la tranquilidad, sino que únicamente a la OLP como su representante.
La OLP por su parte, no reconocío a Itzjak Rabin- primer ministro del partido laborista-  como el representante del pueblo.
Eso si, tras los acuerdos Arafat y Rabin recibieron  el Premio Nobel de la Paz, por reconocimiento a los tratados de paz.

Hamás, fue un declarado opositor a todo tipo de acuerdo.
Consideraron los acuerdos que se desprendían del de Oslo, y éste mismo como una salida poco creíble a una guerra que se había prolongabado por casi cuarenta años.
Ejemplo de esto son aquellos convenios de Ginebra que impedían el retorno de los refugiados palestinos.
Se encargaron, durante este proceso, de denunciar a Arafat y a la OLP.
Los tildaban de traidores por haber permitido la fragmentación de los territorios palestinos (Entre Cisjordania y Gaza hay una formidable distancia, y ninguna comunicación directa).
Como resultado y las acciones de ambas partes tras Oslo, y ser la única oposición palestina a la nueva postura diplomática de la OLP, Hamás se fortaleció y consolidó dentro del pueblo palestino. Además con el acuerdo, muchos militantes de la OLP pasaron al Hamás.

No sólo desde parte del pueblo palestino los acuerdos fueron rechazados, una parte de la población israelí consideró como una traición los acuerdos,  por implicar el retiro de Cisjordania y Gaza.
Hay que comprender aquí el labor de las instituciones y la utilización del discurso del orden y el imaginario social: durante casi treinta años – desde 1967 hasta 1995- se educó a los niños judíos que los territorios ahora cedidos eran una “parte inseparable” de Israel.

Rabin, fue considerado un traidor por haber llegado a un acuerdo de paz con el enemigo.
Según Brieger, en las manifestaciones organizadas por los partidos de derecha y ultra derecha de la época, se solían colgar fotos de Rabin vestido con ropa de oficial nazi, táctica de demonización del enemigo a la cual ya nos referimos durante el transcurso del trabajo.
El 4 de noviembre de 1995, Yigal Amir, un militante religioso de extrema derecha, con la bendición de un rabino, asesinó a Rabin luego de una asamblea por la Paz bajo el lema "Si a la paz, no a la violencia".
Esto convirtió al Primer Ministro en una suerte de mártir.


Con los acuerdos de Oslo, surge la Autoridad Nacional Palestina (siendo realmente una abreviación de  Autoridad Palestina de Cisjordania y Franja de Gaza), suponía una organización administrativa autónoma que iría ocupando los territorios que Israel iría abandonando.
El 4 de Mayo de 1994 se firma el acuerdo conocido como “Gaza y Jericó primero”2 en el cual se asentaba que ambas serían las primeras ciudades que pasarían a manos palestinas.
Debido a que había un vacío institucional y no podía todavía crearse un Estado Palestino, la ANP (Autoridad Nacional Palestina) se hizo cargo del manejo civil de las ciudades.
Mientras tanto Hamás salió fortalecido como el grupo guerrillero desplazante de Fatah (de la OLP).

Más allá de Hamás y la OLP, por primera vez en su historia, el pueblo palestino tenía una especie de atisbo de independencia y autogobierno en sus tierras, Israel permitió que regresaran muchos de los históricos líderes de la OLP, incluido Iasser Arafat, que volvía luego de 27 años a su país.

La ANP elije sus primeras autoridades en el año 1996, con la convocatoria a elecciones presidenciales y parlamentarias.
Arafat resulta presidente con una mayoría del 88% de los votos.
Cuando Israel se retiraba de algún territorio la ANP se hacía cargo, comenzando a funcionar estatalmente, pero sin el Estado, es decir, sin la estructura estatal.
Esto generó una traba casi imposible de superar, sobre todo porque no podía generar un Estado centralizado como los conocemos debido a que continuaba la ocupación.
Otro problema que se encontró la ANP fue la separación territorial existente entre  Cisjordania y la Franja de Gaza, separados entre sí geográficamente y aislados completamente uno del otro.
Para trasladarse desde un sitio a otro, los ciudadanos, e incluso los funcionarios de la ANP debían conseguir el permiso del Estado de Israel.
Arafat, siendo presidente de la ANP estuvo tres años en sus oficinas de la ciudad de Ramalla porque el ejército israelí no se lo permitía.

Tras el asesinato del primer ministro Rabin las cosas para los acuerdos de Oslo y su futuro cambiaron drásticamente: se ampliaron los asentamientos militares, la derecha en el poder con Benjamín Netanyahu, del partido Likut partido conservador y de derecha.
A la par aumentaron los atentados de Hamás en territorio Israelí, que nunca aceptaron los tratados congelaron completamente las negociaciones.

(El trabajo sigue con otro capítulo: Nuevas negociaciones, Camp David y la segunda intifada: balas contra balas.)

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