1 jul. 2012

El poeta silenciado, Roberto Jorge Santoro.

Un día como hoy, hace treinta y cinco años, tres hombres secuestraban al preceptor de la Escuela Técnica N 25.
No era un preceptor cualquiera, o si, tal vez lo era; su nombre era Roberto Jorge Santoro, tenía 38 años y todos los días salía a remontar un barrilete en lo más alto - y bajo- de la ciudad.

Estoy seguro que era un día como hoy, en una Buenos Aires como la de hoy: Esta ciudad que repite su paisaje año a año, día a día, minuto tras minuto, y que supo reflejar tan bien Roberto.

Hay que partir de una base: no estamos hablando de un simple poeta, no estamos hablando de un simple preceptor, militante, escritor, periodista o padre, estamos hablando de un hombre que antes que nada fue humano.

Porque la poesía estaba enaltecida hasta que llegó su prosa, porque sabía que ésta debía ser del pueblo y para el pueblo.
Porque los versos se deben escribir en la calle, en el bar, en el vagón de un tren o en los sucias calles de Parque Centenario y no en caros escritorios, con un vaso de whiskey que vale más de lo que su futuro lector ganará en un año.
Porque sentirse enajenado moralmente, no es lo mismo que estarlo.
Porque sabía que el mal que lo perseguía, que lo hundía y lo mataba, no era una sombra que sólo lo afectaba a él. Sabía que era el cáncer, sustento y asesino de todo el pueblo, era el Capitalismo, el peor germen jamás divulgado, el mejor amigo, jefe, y escultor de personas como las que mataron a Roberto.

Él era así, un luchador, en todos los frentes, en todos los terrenos.
Un perro que había entendido cómo endurecerse sin perder la ternura.
Un perro que tiraba todos los días el corazón por la ventana, pero que se levantaba, y luchaba por transformar el mundo... por transformarse él mismo.

Y hoy, treinta y cinco años después, su poesía sigue siendo un escupitajo en la cara del enemigo, y una caricia a los corazones menos sensibles.
Hoy, primero de Julio del dos mil doce, treinta mil compañeros menos, miles de prosas y palabras emancipatorias quemadas por el fuego de la ignorancia dictatorial, el barrilete se mantiene volando en lo alto, junto con gaviotas. Cruzándose, tocándose y escribiendo graciosas, pero peligrosas, palabras en las nubes.
¡Hasta siempre Roberto! y como alguna vez escribió
"durante 15 segundos / y en ayunas /repítanse diariamente / las siguientes palabras / hi-jos-de-pu-ta-hi-jos-de-puta"

Un poema que intenté dedicarte:

Un barrilete blindado:
Terrorista,
subversivo,
poeta, y humano,
muy humano.

Así eras,
padre,
esposo,
hermano,
militante.

Vilmente silenciado,
secuestrado, y torturado,
por unas fuerzas que al no pensar,
asesinan al pensamiento.

Un barrilete se esgrime en lo alto,
la gente se ilusiona,
mira,
ríe, y llora.

Traza su camino,
marca su propio sendero,
y tras de sí,
deja una línea roja,
una grieta esbelta,
que se puede transformar con un poco de agite,
en un mortífero grito de guerra.

Sentir injusticias,
luchar por cambiarlas,
dejar de ser ser humano
para pasar a ser humano.

Con una gaviota,
o un fusil en la mano.
Un barrilete,
o un cuaderno al lado,
Querido Roberto: nunca te olvidamos.





Escritos de Santoro:

HOY:

Hoy,
después de ver a una mujer
dejar caer a su hijo a través de una ranura
y disparar con su miedo a la oficina.

Hoy justamente
que un militar le prendio fuego a una biblioteca
y un funcionario se masturbaba al pie de una secretaria

Hoy,
precisamente hoy
que el juez de turno hizo pis arriba de los libros
y un colectivo mató una mariposa

Hoy que una muchacha me vendía sexo por un café con leche
y yo le hablaba de poesía.

Hoy,
exactamente hoy,
tuve que tirar el corazón por la ventana.



 DECLARACIÓN JURADA: "Hay poetas y poetas. Hay compromisos y casamientos, reformas y revoluciones. Hay quién está comprometido con la literatura, o con la belleza o con las formas de la métrica. Pero solo con ellas. Hay también otros que conociendo la necesidad de profundizar en el nada fácil oficio de la palabra, comprometen su vida, tratando de sumar a las luchas del pueblo una palabra caliente, que se necesita, que sirve, que sea revolucionaria.
Ante el terror, ante el fascismo, la escalada represiva, el infundio a combatientes, la mentira, el hambre, la mortalidad infantil, la desocupación y demás pequeñeces a que nos tienen acostumbrados, se hace necesario tomar definitiva conciencia de que: o todo para cambiar la sociedad, o todo para nada"


CALCOMANIA:

sonríe
dios te ama
disimula
el comisario vigila


LLUVIA EN LA VILLA:
afuera
el agua cae
de arriba para abajo
adentro
el agua sube
de abajo para arriba


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