7 nov. 2010

El repugnante y alcohólico escritor (Bukowski)

Bukowski es tan directo que me causa hasta impresión leerlo. Me hace acordar a todos los escritores que alguna vez me asombraron y amé leyéndolos, Camus, Sartre, Salinger entre otros.
Les dejo una biografía corta, de las mejores que vi y luego una carta que escribió a Ann Bauman y un cuento corto llamado El principante.


Charles Bukowski nació en la ciudad de Andernach, en Alemania, un 16 de agosto de 1920. Hijo de Henry Bukowski, militar estadounidense, y de Katherine Fett, una mujer de origen alemán.

Tuvo una serie de problemas en la adolescencia, ya que fue un alemán de padre estadounidense en plena efervescencia nazi en Europa, por lo que en 1922 la familia se trasladó a Los Ángeles, Estados Unidos. De joven tuvo una extraña erupción cutánea por todo el cuerpo que le dejó marcas para toda la vida, pero sin embargo, la marca que llevó dentro fue más fuerte: vivió una terrible infancia, siendo un niño golpeado por su padre. Todo esto, junto con la creciente depresión económica de 1929 lo llevaron a relacionarse de por vida al alcohol.

Bukowski terminó la secundaria, pero luego de ingresar a Periodismo en L.A. City College, abandonó el curso en 1941. Se mantuvo económicamente gracias a una serie de trabajos temporales, que abandonó una y otra vez cuando ganaba el primer premio del hipódromo.

Su primer relato, publicado en 1944, pudo significar una emergente carrera de escritor, pero abandonó la literatura durante diez años, sumergido en el alcoholismo.

Post Office (Cartero), sería su primera novela, publicada en 1971. El éxito de la novela le permitió abandonar su trabajo en la oficina de correos en la que trabajaba y que retrató crudamente en el libro. Post Office es protagonizada por Henry Hank Chinaski, su alter ego y narrador más fiel.

Bukowski fue considerado el último escritor maldito y su obra siempre se centró en un extraño mundo pseudoautobiográfico centrado en su propia vida como un perdedor alcohólico o como un escritor de éxito alcohólico (según la época de ambientación, claro).

Fuente


Charles bukowski A Ann Bauman, 2 de mayo de 1963.

Estoy escribiendo esto después de nuestra conversación telefónica, y tú no tienes plata, y deberías tener, y sin embargo también hace bien no tener, fuiste un sonido desde la oscuridad, y te amo por eso, hay algo bueno en tí, puede que no lo sepas, pero existe, y olvídate de todas las comas y de esta charla estilo libre... Es tan raro escuchar un sonido en la locura. No me siento cómodo hablando por teléfono. No me siento cómodo hablando. Aunque digo cosas pequeñas y tontas, es sólo por vergüenza y carencia de habilidad y de corazón y por todas las carencias que me impiden expresar lo que quisiera, y cuando cuelgo el teléfono siempre siento que fracasé. No un fracaso ordinario, sino un fracaso que afecta a todo: a mí mismo, a vos, a nuestra próxima mañana, a todas las maneras en que se enrosca el humo. Ann, creo que tienes que saber esto: no soy básicamente un poeta, odio a los putos poetas que se complican la vida contra el mundo quejoso, y los poetas son malos, y el mundo es malo, ¡y nosotros estamos acá!, Sí. Lo que quiero decir es que la poesía, la que yo escribo, es sólo una décima parte de mí. Las otras nueve partes están asomadas a un acantilado sobre el mar escupiendo maldiciones baratas. Me gustaría sufrir a la manera clásica y tallar un mármol que dure siglos después de este perro que escucho tras mi ventana de 1963, pero estoy maldecido y bofeteado y malgastado hasta la nulidad en mis brazos y ojos y dedos y esta carta esta noche, 1 o 2 de mayo de 1963, luego de escuchar tu voz en el teléfono.
Merezco morir. Espero la muerte como a un halcón engalanado que con su pico, su canto y sus púas busca mi sangre enjaulada. Suena lindo, pero no lo es. La poesía que es parte de mí, la realidad aparente, lo que escribo, es bosta y basura y saliva y viejas naves de combate que se hunden. Sé que cuando el mundo -que es barato y sin clase ¿y qué más? ¿qué más?- Olvidé la poca poesía que escribí, no será del todo culpa del mundo, porque yo no pienso en escribir, y sólo el filo del cuchillo, con el que unto la manteca o corto la cebolla, tiene un poco de práctica en los versos de mi mente.

No sabes lo importante que fue tu llamada para mí, aunque te debo haber parecido torpe y atolondrado y estúpido, pero me gustaría que no me volvieras a llamar porque sé cómo te están yendo las cosas (no muy bien) y no quiero que la poca buena gente del mundo sea herida por bukowski el vomitador. Todo esta bien ahora, pero yo no sé si vendrá o cuando vendrá el próximo ataque, lo cual es un punto de vista cobarde, y todos los hombres son cobardes al ahogarse, escúchalos gritar, ¿y qué es la vida? ¿qué? Hundiéndose en el agua, y no es la falta de aire y luz y pulmones y ojos y amor lo que cuenta: es esta picazón que pusieron en nosotros y que nos hace preguntarnos por qué carajo estamos acá; por esas pocas cosas. Como una llamada desde sacramento a las 7.30 de la noche. No sé, no sé, y eso es tan triste. Si las cosas se arreglaran con mi llanto, todos nos ahogaríamos en mis lágrimas enfermas.

Pero no sé qué hacer. Tomo demasiado. O no lo suficiente. Hago apuestas. Hago el amor con mujeres que sólo viven dentro de sus cuerpos y miro los copos de sus ojos y sé que les miento y que me miento porque no soy más que un perro, y el amor o su acto deberían contener algo más que dos pedazos de carne friéndose en una sartén o todo está perdido como pasto del jardín o caracoles pisados y aplastados, abandonados a una suerte de viscosidad viviente, a una vida triturada para siempre.

Este asunto de la poesía es el peor de esos pisotones. Te debilita. Y si un hombre ya es débil antes de escribir poesía, entonces se convierte, finalmente, a través de los golpes de sombras y quejas, en lo que es: sólo otro muchachito rosado que hace su puto trabajo de la manera más frágil y vomitiva.

Tienes que entender que hay otros modos de enfrentar la vida que no son la máquina de escribir. Quienes lo hicieron así quizá no sean el mejor ejemplo.
Nunca tomes al arte como un espejo sagrado. Lo justo siempre es poco, y eso incluye a todos los siglos. Los países más honorables no sobreviven por coraje, ni las épocas sobreviven a los buenos artistas. Todo es azar y mierda y el golpe de los vientos. Por favor perdóname las malas palabras. Si hay algo que odio es una palabra vil dicha vilmente o un chiste verde o el sexo y la vida de un hombre y una mujer que quieren la cosa así como está. Quizás yo esté perfectamente loco y tús deberías saberlo (una nota más sombría con chillidos dorados) y no tengo intenciones de agarrarmelas con tus obras de teatro...

Algunas están bien... Racine, etc., Y uno sólo se puede reír de eso cuando no da o intenta, y yo digo adelante: versos o llamadas telefónicas o tarjetas de crédito o muerte o amor o enormes balnearios en playas de sonido y golpes y momentos de medianoche, te agradezco por seguir y yo, también, mientras tanto, sigo un poquito más.

P.d.: No me odies por sentir más de lo (quizás) necesario. Puede que sea mejor que las ranas perdidas y el aire quemado de nylon y neón... Puede que sea mejor que nos convirtamos en criaturas de gestos en vez de realidad, y el matrimonio es una realidad de la vida y muy pocos de nosotros pueden soportar el matrimonio o la realidad o la vida.


Mejor el cuento se los dejo para otra ocasión.

1 comentario:

Nora dijo...

Te felicito por el blog. Se le ve trabajo y corazón, una buena combinación para vivir.

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