26 oct. 2010

El día que América latina humilló a Estados Unidos

Fidel Castro, junto a su ejército tomó el poder de Cuba en 1959. Este joven atleta quería modernizar la economía. Su maestro, afirmaba, era el rebelde nacionalista cubano del siglo XIX José Martí; no mencionaba a Marx, Engels o Lenin.
Evitó el discurso antiimperialista y en Marzo de 1959 viajó a Washington con expectativas de ayuda económica. Supuso que su negativa a llamarse comunista le serviría, pero no supo calibrar el impacto que causó al calificar su revolución de la primera de Nuestra América.

La afirmación resultó escasamente tranquilizadora para el presidente Eisenhower, que compartía la idea convencional en Washinton de que Estados Unidos debía dominar la política de las Américas. La ayuda financiera estadounidense no iba a llegar.

Castro, desairado, adoptó una posición antiestadounidense que ya tenía pero no profesaba. Los esporádicos intentos de levantamientos contrarrevolucionarios apoyados desde el extranjero no mejoraron su humor.
Estaba decidido a que su régimen radical no fuera barrido por una acción militar conducida o patrocinada por Washington.
Y fue así como un fracaso en la acomodación mutua produjo el primer estado verdaderamente socialista en la historia de las Américas.
Washington estaba atónito. Previamente había visto muchos comunistas donde existían pocos. De repente, y sin previo aviso, existía una real y creciente amenaza comunista a pocas millas de la costa de Florida. 
Cuando Castro regresó a Estados Unidos para dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1960, fue agasajado por multitudes que le gritaban "¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!"
Rechazó alojarse en un lujoso hotel de Manhattan y levantó campamento en Harlem. Castro pasó a la ofensiva en la Asamblea General de las Naciones Unidas llamando al presidente Kennedy "millonario analfabeto e ignorante", criticó las acciones pasadas de Estados Unidos en Puerto Rico, Panamá y Honduras, condenó a los estadounidenses por aferrarse a su base militar en la bahía de Guantánamo a pesar de que había sido adquirida bajo coacción, criticó  fuertemente la discriminación legal que sufrian los negros, etc.

Parte del discurso está aquí:




Las autoridades cubanas pagaron caro burlarse de Estados Unidos.
El 16 de Abril del año 1961, un contingente armado de exiliados anti-comunistas salió de su campo de entrenamiento de la CIA en Guatemala y puso rumbo a la Bahía de Cochinos, en la costa norte de Cuba.
Kennedy había dado su aprobación casi informalmente; daba por sentado que un despliegue modesto podría reprimir fácilmente la revolución.
Castro era sin duda un mosquito irritante que iba a ser aplastado y olvidado. Sin embargo, la planificación de la intentona era chapucera y el pronóstico de una sublevación popular espontánea contra Castro se reveló sumamente optimista.
 Los campesinos de la zona cercana al desembarco había sido bien tratados por el gobierno revolucionario y no estaban dispuestos a ayudar a los invasores.
La experiencia de Castro como insurgente le sirvió para saber qué esperar y cómo organizar una defensa eficaz.
Los combatientes anticomunistas fueron derrotados, capturados y exhibidos por televisión.
Castro hizo un uso brillante de los medios. En lugar de recurrir a una larga diatriba, confió en las lamentables confesiones de los detenidos para que expusieran el caso para él en la radio y la televisión.
Aunque Kennedy restó importancia a la implicación de su gobierno, el mundo entero sabía lo contrario. Estados Unidos había sido humillado en Latinoamérica por primera vez en su historia.



Sacado del libro CAMARADAS: Breve historia del Comunismo.
Un libro completamente anticomunista pero que tiene esta cita históricamente invaluable.

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