30 jul. 2010

Papel y función del sistema penal

Les dejo un texto que escribí hace un tiempo cuando iba al colegio, hoy en día le agregaría algunas cosas, sin embargo me sigue gustando como quedó.

Encontrar respuestas a si el sistema penal funciona o no, o mejor dicho, si el sistema penal Argentino realmente rehabilita a los presidiarios y los deja aptos para incorporarse, en caso de ser posible, nuevamente a la sociedad,  es uno de los temas más difíciles para debatir.
Si se hiciera una encuesta en el país preguntando que hecho le preocupa más acerca de la actual situación en general creo que más del setenta por ciento respondería la inseguridad, dejando de lado la pobreza que inunda nuestras caudillescas provincias.


Esto se debe a que a todos nos afecta esta(directa o indirectamente) y escuchamos, muchas veces de más, que los ladrones se escapan, salen de las cárceles y se les levantan la condena como si la justicia fuera un juego.
Esto, utilizado para rellenar horarios vacíos televisivos, es siempre la última noticia en los medios de comunicación actuales. ¿El actual sistema funciona? ¿Algún sistema corrector alguna vez funcionó? ¿El preso, realmente quiere reinsertarse en la sociedad o acaso la posibilidad de vivir gratuitamente en una celda le alcanza para continuar su existencia?
Muchas preguntas habría que plantearse antes de interiorizarse en el tema, respetando algunas ideas de Foucault, otras evidentemente no, quiero empezar citando unas palabras suyas:

“La prisión no puede dejar de fabricar delincuentes. Los fabrica por el tipo de existencia que hace llevar a los detenidos: ya se los aísle en celdas, o se les imponga un trabajo inútil, para el cual no encontrarán empleo”

¿Es realmente aislar a una persona en una celda, sin posibilidades de llevar una vida plena, dejándolo tan solo con su bronca y con sus otros compañeros, que también llevan la carga de esa inútil bronca hacia la sociedad, la solución para que un hombre se arrepienta de lo que hizo? O es solo otra manera de incrementar su odio hacia el mundo y las ganas de seguir delinquiendo.

¡Seamos realistas! si a cualquiera de nosotros nos meten presos por tener una planta de marihuana en nuestras casas, considerada cultural y religiosa en países de centro-américa, o por atropellar a alguien inconcientemente, junto a violadores, asesinos en masa, delincuentes profesionales, etc ¿Cómo nos sentiríamos?  ¿Tendríamos ganas de volver a las calles para seguir con nuestra vida? después de lo que es sufrir la soledad en la prisión, y además, de lo difícil que es socializar en un sitio donde el respeto mata gente.
Hay un hecho que quiero destacatar y es algo que me surgió a partir de la lectura del sociólogo Roberto Gargarella. El también abogado nos expresa:

“Cuando sancionamos a alguien, seleccionamos ciertos actos u omisiones llevadas a cabo por esa persona, de entre una infinidad de otros actos realizados u omitidos por ella. Cualquier persona sancionada, como cualquiera de nosotros, ha vivido una vida compleja y rica, caracterizada por cantidad de gestos admirables, y cantidad de otros actos insignificantes e inocuos”.


Además habría que agregarle cierto motivo el cual lleva a  una persona a delinquir y no es un detalle menor.  Creo que una determinada situación socio-económica mezclada con el tipo de relaciones sociales que la persona tenga van a definir los caracteres con los que se va a regir su vida en todos los ámbitos, por ejemplo, tal vez, una persona a la cual, su madre y su padre apoyan constantemente, le enseñan de chico lo que esta bien y mal, y ha recibido una educación correcta institucionalmente hablando (¡cosa difícil de encontrar en nuestra Argentina!), además de tener amistades que constantemente le aclaren que si hace tal cosa esta bien y si hace tal otra esta mal, y sobre todo si es religioso (ya que la iglesia controla a la gente de una manera casi inadmisible pero también asombrosa) ve que a un hombre se le cayó el celular le avisa y se lo devuelve.

En cambio, una persona, no me meteré con la clase baja, porque sería abrir el tema que presenta Gargarella sobre la injusticia social y el prejuicio en el que estoy cien por ciento en concordancia, de clase media, que está en la misma situación pero cambian algunos factores, puede ser la educación, o los amigos o cualquiera, vendería el celular solo para ganar un poco más de plata.
Sin ir más lejos, tampoco hay que confiar tanto en las personas, tal vez la persona nombrada como primer ejemplo ve el celular y lo vende, no porque lo necesite sino porque acostumbrado al constante avance del capital que le enseña de manera monstruosa al hombre a devorar y pisotear a sus semejantes necesita pertenecer y  por otro lado una persona de clase baja lo ve y lo devuelve, como tampoco hay que confiar en las clases sociales para dividir y prejuzgar los delitos, ya que mientras una persona carenciada roba una billetera para comer, un juez roba diez mil dólares para un auto, y un político roba millones para depositarlos en una cuenta en Suiza.

Hay dos factores fácilmente destacables por el cual el sistema penitenciario, no sólo argentino sino que mundial, no funciona, y son los siguientes:
El primero es la corrupción e inaptitud de los carceleros para mantener y al mismo tiempo contener al presidiario. Hace poco tiempo, salió a la vista el caso de Rafael Di Zeo, el ex barra brava de boca, aunque no es tan ex como se creía, que dentro de su celda  tenía un módem de Internet inalámbrico con su respectiva computadora, un plasma (de posesión legal dentro de la prisión) y una prostituta las veinticuatro horas del día además de quince mil dólares en efectivo. ¿Cómo puede pasar esto en  prisión? Por no hablar del poder que tiene la familia Valor en la cárcel de Campana.

Esto es culpa de la corrupción, fenómeno al que estamos bastante acostumbrados en el país, que afecta una vez más la realidad social. A razón de esto todo el empleado del pabellón fue despedido. Pero… ¿Estamos seguros que Di Zeo, Valor, las grandes mafias son los únicos favorecidos? Desde un par de zapatillas, hasta cuchillos y droga trafican los guardia-cárcel en su labor.
A esto  se le suma la gran pena que estos empleados no están preparados para desempeñarse correctamente en su trabajo, se supone, que estas personas, deben además de controlar la vigilancia, estar, mantener y contener a los presos, hablar con ellos, y tratar de hacer su estancia allí un poco más simple.
Un ejemplo conciso, en la cárcel de Campana para 1000 presos hay solo 10 psicólogos, que deben sentarse a charlar con ellos a diario, tratar de “ablandarlos” de alguna manera, pero, ¿Cómo se espera que 10 psicólogos ayuden a 1000 personas? Las reuniones entre psicólogo y paciente se dan una vez al mes, lo que resulta inservible.

La gente que allí trabaja debería ser capaz de contener a los presos, y no solo reprimiéndolos y por la fuerza, sino sentimentalmente, una prisión en definitiva debe tener como mínimo cincuenta psicólogos.
El segundo motivo es la desigualdad, en la cárceles de Argentina, cada persona está vestida con la ropa que sus familiares les dan, esto, aumenta la desvaloración que tienen los presos hacia ellos mismos y hacia sus compañeros.
Lo que impone el respeto en la cárcel son las zapatillas, las familias de los presidiarios deben hacer lo posible para conseguir las zapatillas más caras, porque cuanto mejor es la zapatilla más respeto le tienen en su nuevo hogar, esto crea además que las familias deban desde robar, hasta vender sus pertenencias para poder comprar el elemento tan codiciado y en la cárcel, muchas peleas por robos y  en algunos casos muertes.

En definitiva, el sistema penal no rehabilita sino que deshabilita, deja a las personas que deben cumplir una condena más perdidos que como entraron, los deja sin ansias de vivir, los usa por un tiempo, los encierra y luego los larga a la calle y los deja a la deriva para que o vuelvan a delinquir o traten de crear una vida con todas las dificultades que esto trae.

¿Una solución posible? Que las hay, las hay, pero tardarían mucho tiempo, o es una solución que yo veo. Las cárceles divididas por actos, los violadores con los violadores, estafadores con estafadores, asesinos con asesinos, y los que están presos por drogadictos en las calles, en su casa fumándose un porro, ya que como dice la ley argentina “es inconstitucional condenar a un adulto cuya conducta no ponga en riesgo a terceros”. Esto desalentaría mucho el abuso de los poderosos en prisión, además, deberían usar todos uniforme, eliminando así esta tan lastimosa desigualdad.

Para poder cumplir la condena, el preso debe haber terminado la escuela en prisión o fuera de ella si ya la había terminado, , por eso, la institución (que ya lo hace) debe brindar educación desde el año en el cual la persona dejó la escuela, obviando evidentemente el jardín aunque se verán los temas como en un terciario no como estamos acostumbrados en la escuela.

Los presidiarios deberán trabajar, todos, porque eso los hace dispersarse y olvidarse un segundo de su condena, por este acto deberán ser retribuidos justamente, no con cincuenta centavos por hora. Los psicólogos deberán ayudar a los presos continuamente y además el sistema penal debería ser modificado de A a la Z, ya que lamentablemente es un sistema injusto, corrupto y manipulable.

2 comentarios:

Edgardo dijo...

Es un hecho que falla la forma de “castigar” los errores cometidos por los ciudadanos dentro del Estado de Derecho al que pertenecemos. Todo error se paga, y en sistemas como el nuestro, donde la delincuencia funciona de válvula de control y represión no es extraño que la prisión sea “una fabrica de delincuentes”. En otros regimenes u ordenes, por ejemplo, en los países musulmanes, la prisión existe, pero también existen los castigos físicos graves, cortar una mano, una oreja, dependiendo el delito cometido. Dios castiga el pecado y condena eternamente a los hombres que cometen pecados capitales, por lo tanto, el hombre no sabe como solucionar las inclinaciones que lo impulsan por necesidad, deseo o perturbación mental, a cometer algún delito.

Es correcto lo que planteas en el texto, en las encuestas los encuestados hablan de la “inseguridad” y no de la pobreza, generadora de la mayoría de los males que padece la sociedad, pero sabido es que solo nos importa cuidar nuestros intereses y no los intereses de los demás, de esto se deduce fácilmente, que la inseguridad pone en peligro nuestros intereses más personales, por lo tanto, nos preocupamos por defender nuestra propiedad privada por todos los medios, medios que se reducen a la represión, exclusión y degradación de todo aquel que nos pueda ser “peligrosa”.

Pensar que la policía está para defender el status quo y no defender o proteger la justicia dentro de un Estado determinado.

Deberíamos hablar también si “el hombre es malo por naturaleza” o “es la sociedad quien hace malo al hombre”, sea cual fuere la respuesta a esta pregunta filosófica y trascendental hay un problema que deberíamos resolver rápidamente. Deberíamos crear mecanismos de contención, “desintoxicación” y reinserción en la sociedad (pero no esta sociedad basura en la que vivimos, otra cosa que deberíamos replantear y modificar) para no dejar abandonados, fuera del sistema a los que por error, necesidad o maldad cometieron algún delito.

Un saludo, buen blog.

HologramaBlanco

Gaviotas Blindadas dijo...

Muchas gracias por la respuesta Edgardo, opino similar, con respecto a las interrogantes que planteas, la suposición está en cada uno, plantear la naturaleza del hombre es un tema que el mundo entero no pudo ponerse de acuerdo, como en todo.
Yo creo, que no interesa la predeterminación del hombre naturalmente si el sistema en definitiva lo corromperá, es decir, podemos llamar al hombre bueno, o malo, tal como sea, la supraestructura "contaminará" la infra
Saludos y muchas gracias por pasar.

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